Nati Villanueva
/ Madrid
El juicio del 11-M marcó un antes y un
después en las relaciones del magistrado con el PP, cuyas cuentas se empeña en investigar.
Efe.
Cuando el
caso Bárcenas aterrizó en el juzgado de Javier Gómez
Bermúdez en forma de querella (de IU), el 28 de febrero pasado, pocos eran
en la Audiencia Nacional los que apostaban por que este magistrado dejaría
pasar de largo la causa de la presunta contabilidad B en el PP que se
deriva de los papeles publicados por El País y atribuidos al extesorero. Un
caso de presunta financiación ilegal dentro del partido con el que Gómez
Bermúdez mantuvo en su momento una excelente relación (deteriorada tras el
juicio de los atentados del 11-M en Madrid) era un «regalo», comentaban en este
tribunal, para un juez despechado con una formación que le arrebató (por
falta de apoyo) la presidencia de la Sala Penal, a cuya reelección optó, y
que suponía un puesto de máxima responsabilidad en la Audiencia Nacional. No en
vano de él dependían la casi veintena de jueces que integran las cuatro
secciones de lo Penal y los seis jueces de instrucción. Ahora él es uno más de
estos jueces, ocupando además el juzgado de quien le ha sustituido en la
presidencia de la Sala Penal: Fernando Grande-Marlaska.
Por eso,
cuando en una fecha tan significativa como el 11 de marzo pasado decidió
admitir a trámite la causa de los «papeles de Bárcenas» a nadie le extrañó.
Aunque reconociera que el escrito de IU era «débil, difuso y especulativo» en
algunos puntos y aunque su compañero de la Audiencia Pablo Ruz estuviera ya
investigando los mismos hechos por su conexión con Gürtel.
«Como elefante en cacharrería»
La querella
de IU se dirigía, además de contra Luis Bárcenas y Álvaro Lapuerta y los
empresarios que presuntamente hicieron donaciones al partido, contra los
exdirigentes del PP Rodrigo Rato, Ángel Acebes y Federico Trillo. De forma
inexplicable, Bermúdez decidió admitir la querella en lo que respecta a los dos
extesoreros y a los empresarios, y no hacerlo en la parte referida a los
políticos, pese a que los nombres de unos y otros figuraban de la misma forma en
los papeles atribuidos a Bárcenas. «Otorgarles en este momento procesal la
condición de imputados resulta prematuro y solo distorsionaría la
instrucción, sin perjuicio, claro está, de lo que resulte del curso de ésta».
Fuentes de la Audiencia creen que haber dado este paso habría sido entrar «como
elefante en cacharrería».
Aun así, lo
que quiere investigar Bermúdez está claro desde el minuto uno, cuando en ese
mismo auto del pasado 11-M dio al PP un plazo improrrogable de siete días para
aportar la relación de ingresos que el partido recibió en concepto de
donaciones de 2002 a 2009. «Los hechos que se relatan en la querella se han
producido al menos en cinco comunidades autónomas y se resumen en la realización
de pagos por empresarios al PP con el objetivo de incidir en la realización de
determinadas políticas económicas que favorecieses a los pagadores, y en
particular, la obtención de contratos públicos u otros favores de las
administraciones públicas. Esos fondos, afirman, eran distribuidos desde la estructura
del partido entre altos cargos de mismo», señalaba en su primera resolución.
Bermúdez es consciente de que la clave para arrebatar la investigación
Ruz romper cualquier vínculo entre los llamados «papeles de Bárcenas» y la
red Gürtel, y a ello lleva dedicando todos sus esfuerzos durante los
últimos veinte días. Cualquier conexión entre ambos procedimientos, algo que
han puesto de manifiesto tanto la Unidad de Delicuencia Económica y Fiscal
(Udef) como la Fiscalía (que ha extendido esta relación, más allá de Bárcenas,
a las propias finanzas del partido), lleva a que la investigación tenga que ser
asumida necesariamente por Ruz por «conexidad». Y Bermúdez lo sabe.
Alejado de la política y los medios
En el lado
contrario Ruz. ¿Tiene algún interés este magistrado, el que para la Fiscalía
es el legítimo instructor de los «papeles de Bárcenas» algún interés en asumir
esta investigación?. Nada en la actuación de este magistrado ha puesto de
manifiesto este extremo. Ya lleva con el caso Gürtel, con la pieza principal,
dos años, y en este tiempo nadie ha cuestionado su investigación. En la
Audiencia Nacional pasa por ser un juez discreto, trabajador, y alejado de
cualquier protagonismo mediático o relación con algún partido.
En el último
mes y medio rechazó en dos ocasiones judicializar la supuesta contabilidad B
del PP que, desde la publicación de los papeles en El País, estaba en manos de
la Fiscalía en forma de diligencias de investigación. Pero siempre supeditó su
decisión a la aparición de indicios que vincularan esa supuesta caja B con la
red Gürtel que él investigaba. El día en el que esos indicios aparecieron y la
Udef se los colocó encima de la mesa, Ruz asumió el caso. Era 7 de marzo,
cuatro días antes de que Gómez Bermúdez irrumpiera en escena.
El pasado
día 22, Ruz ratificaba su competencia con nuevos indicios que vinculan
ambos procedimientos. Por primera vez en todo este tiempo plantaba cara a
Bermúdez haciendo suyos los argumentos de la Fiscalía para rechazar la
inhibición que ese juez le había pedido. «La falta o escasez de datos de los
que ha dispuesto (Bermúdez) le ha hecho incurrir en palmarios errores (...)» ,
reproducía Ruz en su resolución.
Enlace
articulo original: http://www.abc.es/espana/20130327/abci-bermudez-intereses-201303261135.html
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